martes, 23 de diciembre de 2014

LA CASA DE MI PADRE - Poema de Gabriel Aresti

Defenderé
la casa de mi padre.
Contra los lobos,
contra la sequía,
contra la usura,
contra la justicia,
defenderé
la casa
de mi padre.
Perderé
los ganados,
los huertos,
los pinares;
perderé
los intereses,
las rentas,
los dividendos,
pero defenderé la casa de mi padre.
Me quitarán las armas
y con las manos defenderé
la casa de mi padre;
me cortarán las manos
y con los brazos defenderé
la casa de mi padre;
me dejarán
sin brazos,
sin hombros
y sin pechos,
y con el alma defenderé
la casa de mi padre.
Me moriré,
se perderá mi alma,
se perderá mi prole,
pero la casa de mi padre
seguirá
en pie.

Gabriel Aresti 

lunes, 22 de diciembre de 2014

Rima XII - Gustavo Adolfo Bécquer -

Porque son, niña, tus ojos 
verdes como el mar te quejas: 
verdes los tienen las náyades, 
verdes los tuvo Minerva 
y verdes son las pupilas 
de las hurís del profeta. 

El verde es gala y ornato 
del bosque en la primavera. 
Entre sus siete colores 
brillante el iris lo ostenta. 
Las esmeraldas son verdes, 
verde el color del que espera 
y las ondas del Océano 
y el laurel de los poetas. 

Es tu mejilla temprana 
rosa de escarcha cubierta, 
en que el carmín de los pétalos 
se ve al través de las perlas. 
Y sin embargo, 
sé que te quejas 
porque tus ojos 
crees que la afean: 
pues no lo creas, 
que parecen tus pupilas, 
húmedas, verdes e inquietas, 
tempranas hojas de almendro 
que al soplo del aire tiemblan. 

Es tu boca de rubíes 
purpúrea granada abierta. 
que en el estío convida a 
apagar la sed en ella. 
Y sin embargo, 
sé que te quejas 
porque tus ojos 
crees que la afean: 
pues no lo creas, 
que parecen, si enojada 
tus pupilas centellean, 
las olas del mar que rompen 
en las cantábricas peñas. 

Es tu frente que corona 
crespo el oro en ancha trenza, 
nevada cumbre en que el día 
su postrera luz refleja. 
Y sin embargo, 
sé que te quejas 
porque tus ojos 
crees que la afean: 
pues no lo eras, 
que, entre las rubias pestañas, 
junto a las sienes, semejan 
broches de esmeralda y oro 
que un blanco armiño sujetan.


Gustavo Adolfo Bécquer 
 

Jardín de invierno - Poema de Pablo Neruda

Llega el invierno. Espléndido dictado
me dan las lentas hojas
vestidas de silencio y amarillo.

Soy un libro de nieve,
una espaciosa mano, una pradera,
un círculo que espera,
pertenezco a la tierra y a su invierno.

Creció el rumor del mundo en el follaje,
ardió después el trigo constelado
por flores rojas como quemaduras,
luego llegó el otoño a establecer
la escritura del vino:
todo pasó, fue cielo pasajero
la copa del estío,
y se apagó la nube navegante.

Yo esperé en el balcón tan enlutado,
como ayer con las yedras de mi infancia,
que la tierra extendiera
sus alas en mi amor deshabitado.

Yo supe que la rosa caería
y el hueso del durazno transitorio
volvería a dormir y a germinar:
y me embriagué con la copa del aire
hasta que todo el mar se hizo nocturno
y el arrebol se convirtió en ceniza.

La tierra vive ahora
tranquilizando su interrogatorio,
extendida la piel de su silencio.

Yo vuelvo a ser ahora
el taciturno que llegó de lejos
envuelto en lluvia fría y en campanas:
debo a la muerte pura de la tierra
la voluntad de mis germinaciones.

Pablo Neruda


domingo, 21 de diciembre de 2014

MAZAZO - Poema de Rafael de León

Sonó la palabra "dinero"
y todo lo echaste a rodar
y en vez de decirte: "Te quiero",
te dije: -¿Qué quieres cobrar?-

Y me valoraste las rosas,
poniéndole precio al jardín
y fueron tomando las cosas
un tono metálico y ruin.

Y aunque esta verdad me traspasa,
prefiero saber la verdad:
que al mes, pago luz, pago casa
y pago la felicidad.


Rafael de León

Conversación - Poema de Jaime Gil de Biedma

Los muertos pocas veces libertad
alcanzáis a tener, pero la noche
que regresáis es vuestra,
vuestra completamente.

Amada mía, remordimiento mío,
la nuit c
’est toi cuando estoy 
solo
y vuelves tú, comienzas
en tus retratos a reconocerme.

¿Qué daño me recuerda tu sonrisa?
¿Y cuál dureza mía está en tus ojos?
¿Me tranquilizas porque estuve cerca
de ti en algún momento?

La parte de tu muerte que me doy,
la parte de tu muerte que yo puse
de mi cosecha, cómo poder pagártela...
Ni la parte de vida que tuvimos juntos.

Cómo poder sabe que has perdonado,
conmigo sola en el lugar del crimen?
Cómo poder dormir, mientras que tú tiritas
en el rincón más triste de mi cuarto?

Jaime Gil de Biedma

jueves, 18 de diciembre de 2014

Como si cada beso... - Fernando Pessoa

Como si cada beso
Fuera de despedida,
Cloé mía, besémonos, amando.
Tal vez ya nos toque
En el hombro la mano que llama
A la barca que no viene sino vacía;
Y que en el mismo haz

Ata lo que fuimos mutuamente
Y la ajena suma universal de la vida.


Fernando Pessoa

miércoles, 17 de diciembre de 2014

LAS RUBAIYAT - OMAR KHAYYAM: (extracto - 11)


Los sabios no te enseñarán nada,
pero la caricia de las largas pestañas de una mujer te revelará la felicidad.
No olvides que tus días están contados y que pronto serás la presa de la tierra.
Cómprate vino, llévatelo aparte y luego déjate consolar.

Tú no ves más que las apariencias de las cosas y de los seres.
Te das cuenta de tu ignorancia, pero no quieres renunciar a amar.
Aprende que Alá nos ha dado el amor
de la misma forma que ha dado veneno a ciertas plantas.

Me dicen: «¡No bebas más, Khayyam!»
Yo les digo: «Cuando he bebido,
oigo lo que dicen las rosas, los tulipanes y los jazmines.
Digo, incluso, lo que no puede decirme mi bienamada.»

Tal olor a vino emanará de mi tumba,
que todo aquel que pase cerca se embriagará.
Tal serenidad rodeará mi tumba,
que los amantes no podrán alejarse de ella.

Más allá de la Tierra, más allá del infinito,
intentaba ver el Cielo y el Infierno,
Y una voz solemne me dijo:
«El Cielo y el Infierno están en ti»

¡Un poco más de vino, mi bienamada!
Tus mejillas no tienen aún el resplandor de las rosas.
¡Un poco más de tristeza, Khayyam!
Tu bienamada va a sonreírte.

Cuando yo ya no esté, no habrá más rosas, cipreses, labios rojos ni vino perfumado.
No habrá más albas ni crepúsculos, alegrías ni penas.
El universo no existirá,
pues su realidad depende de nuestro pensamiento.

Lámparas que se apagan,
esperanzas que se encienden.
Aurora. Lámparas que se encienden,
esperanzas que se apagan. Noche.

martes, 16 de diciembre de 2014

LAS RUBAIYAT - OMAR KHAYYAM: (extracto - 10)

¿Te tienes por discreto? En tal caso, bien puedo
decir lo que fue Adán en su primer aurora:
tan sólo un pobre diablo amasado con penas
y que un día vivió clamando por la noche.

Natura crea la rosa y la destruye luego,
volviéndola a la tierra. Si en vez de agua
aspirasen las nubes, hasta el último día
del mundo, llovería sangre de enamorados.

En el prado que llega a la orilla del río
que sabe nuestros sueños, túmbate dulcemente.
Tal vez su césped haya surgido de algún cuerpo
que en otro tiempo fue perfectamente hermoso.

Mira el capullo transformándose en rosa.
Fíjate cómo abre sus pétalos, y, alegre,
anuncia su venida a este mundo. Mi bolsa,
abriré, derramando en el jardín el oro.

Si sacude con fuerza el árbol de la verdad,
verás caer un fruto que dirá. "Lo mismo
es el hoy que el ayer. Los días primeros y últimos
serán para nosotros exactamente iguales".
Sueño sobre la tierra. Sueño bajo la tierra.
Sobre la tierra, bajo la tierra, cuerpos tendidos.
Nada en todas partes. Desierto de la nada.
Unos hombres llegan. Otros se van.

Me pregunto qué poseo verdaderamente.
Me pregunto qué subsistirá de mí después de mi muerte.
Nuestra vida es breve como un incendio. Llamas que se olvidan,
cenizas que el viento dispersa: un hombre ha vivido.

El vasto mundo: un grano de polvo en el espacio.
Toda la ciencia de los hombres: palabras.
Los pueblos, las bestias y las flores de los siete climas:sombras.
El resultado de tu meditación perpetua: nada

¿Qué se habrá hecho de todos mis amigos? ¿La Muerte losha pisoteado?
¿Dónde están todos mis amigos, qué es de ellos?
Oigo aún sus cantos en la taberna. ¿Están muertos
o están ebrios de haber vivido?