domingo, 13 de marzo de 2016

A la Niña Esclava - Poema de Francisco Sandalio Rey

Yo quiero ser sincero conmigo.
Lloraban sus ojos verdes
ríos de lágrimas, a mares lloraban.
Lloraban sus negras penas.
Lloraba la niña esclava.
Yo quiero ser sincero contigo.
La pequeña lloraba acurrucada,
Lágrimas verdes, color esperanza.
Lloraba su cuerpo entero.
Lloraba la niña esclava.
Yo también quiero llorar contigo.
Lloraban sus manos negras,
Lloraban sus heridas amargas,
Lágrimas rojas, color justicia.
Lloraba la niña esclava.
Amigo, ¿quieres ser sincero contigo?
Lloraban sus manos rojas,
Lloraban en tu corazón de piedra.
Lloraban sus ojos verdes,
Dios quiera que no se pierda.
Gota a gota en tu corazón lloraba.
Lloraba en tu corazón sincero.
Lloraba sobre piedra que se partía.
Lloraba en tu corazón amigo.
Lloraba y daba vida mientras moría.

Francisco Sandalio Rey

martes, 8 de marzo de 2016

Delirio del incrédulo - Maria Zambrano

Bajo la flor, la rama
sobre la flor, la estrella
bajo la estrella, el viento;
¿Y más allá?
Más allá ¿no recuerdas?, sólo la nada
la nada, óyelo bien, mi alma,
duérmete, aduérmete en la nada.
Si pudiera, pero hundirme.

Bajo la flor, la rama...

Ceniza de aquel fuego, oquedad, agua espesa
y amarga, el llanto hecho sudor
la sangre que en su huida se lleva la palabra
y la carga vacía de un corazón sin marcha.

Bajo la flor, la rama...

De verdad ¿es que no hay nada?
Hay la nada.
La nada, óyelo bien, mi alma.
duérmete, aduérmete en la nada.
Y que no lo recuerdes. Era tu gloria.

Bajo la flor, la rama...

Más allá del recuerdo, en el olvido,
escucha en el soplo de tu aliento.
Mira en tu pupila misma dentro
en ese fuego que te abrasa, luz y agua.

Bajo la flor, la rama...

Mas no puedo, no puedo.
Ojos y oídos son ventanas.
Perdido entre mí mismo
no puedo buscar nada
no llego hasta la Nada.

Bajo la flor, la rama
sobre la flor, la estrella
bajo la estrella, el viento
¿Y más allá?
Más allá ¿no recuerdas?,
sólo la nada.

María Zambrano

lunes, 7 de marzo de 2016

Si alguien llama a tu puerta - Poema Gabriel García Márquez - Aniversario de su nacimiento 6/3/27

Si alguien llama a tu puerta, amiga mía,
y algo en tu sangre late y no reposa
y en tu tallo de agua, temblorosa,
la fuente es una líquida de armonía.

Si alguien llama a tu puerta y todavía
te sobra tiempo para ser hermosa
y cabe todo abril en una rosa
y por la rosa desangra el día

Si alguien llama a tu puerta una mañana
sonora de palomas y campanas
y aún crees en el dolor y en la poesía

Si aún la vida es verdad y el verso existe.
Si alguien llama a tu puerta y estás triste,
abre, que es el amor, amiga mía.

Gabriel García Márquez 

viernes, 4 de marzo de 2016

El regreso - Poema de Gabriela Mistral

Desnudos volveremos a nuestro Dueño,
manchados como el cordero
de matorrales, gredas, caminos,
y desnudos volveremos al abra
cuya luz nos muestra desnudos:
y la Patria del arribo
nos mira fija y asombrada.

Pero nunca fuimos soltados
del coro de las Potencias
y de las Dominaciones,
y nombre nunca tuvimos
pues los nombres son del Único.

Soñamos madres y hermanos,
rueda de noches y días
y jamás abandonamos
aquel día sin soslayo.

Creímos cantar, rendirnos
y después seguir el canto;
pero tan sólo ha existido
este himno sin relajo.

Y nunca fuimos soldados
ni maestros ni aprendices,
pues vagamente supimos
que jugábamos al tiempo
siendo hijos de lo Eterno.

Y nunca esta Patria dejamos,
y lo demás, sueños han sido,
juegos de niños en patio inmenso:
fiestas, luchas, amores, lutos.

Y la muerte fue mentira
que la boca silabeaba;
muertes en lechos o caminos,
en los mares o en las costas;
pequeñas muertes en que cerrábamos
ojos que nunca se cerraron.

Dormidos hicimos rutas
y a ninguna parte arribábamos,
y al Ángel Guardián rendimos
con partidas y regresos.

Y los Ángeles reían
nuestros dolores y nuestras dichas
y nuestras búsquedas y hallazgos
y nuestros pobres duelos y triunfos.

Caíamos y levantábamos,
cocida la cara de llanto,
y lo reído y lo llorado,
y las rutas y los senderos,
y las partidas y los regresos,
las hacían con nosotros,
el costado en el costado.

Mandaban y obedecíamos
con rostro iracundo o dichoso
y el arribo no llegaba
y unas dichas casquivanas
si asomaban, no descendían.

Y los oficios jadeados
nunca, nunca los aprendíamos:
el cantar, cuando era el canto,
en la garganta roto nacía.

Y sólo en el sueño profundo
como en piedra santa dormíamos
y algo soñábamos que entendíamos
para olvidarlo al otro día...
y recitábamos Padrenuestros
a los Ángeles que sonreían.

De la jornada a la jornada
jugando a la huerta, a ronda, o canto,
al oficio sin Maestro,
a la marcha sin camino,
y a los nombres sin las cosas
y a la partida sin el arribo
fuimos niños, fuimos niños,
inconstantes y desvariados.

Y baldíos regresamos,
¡tan rendidos y sin logro!
balbuceando nombres de "patrias"
a las que nunca arribamos.
Y nos llamaban forasteros
¡y nunca hijos, y nunca hijas!

Gabriela Mistral

miércoles, 2 de marzo de 2016

Llueve en silencio, que esta lluvia es muda... - Poema de Fernando Pessoa

 Llueve en silencio, que esta lluvia es muda
y no hace ruido sino con sosiego. El cielo duerme.
Cuando el alma es viuda de algo que ignora, el sentimiento es ciego.

Llueve. De mí (de este que soy) reniego...
Tan dulce es esta lluvia de escuchar (no parece de nubes) que parece que no es lluvia, mas sólo un susurrar que a sí mismo se olvida cuando crece.

Llueve. Nada apetece...
No pasa el viento, cielo no hay que sienta.

Llueve lejana e indistintamente, como una cosa cierta que nos mienta, como un deseo grande que nos miente.

Llueve. Nada en mí siente...


Fernando Pessoa


domingo, 28 de febrero de 2016

Yo – Poema de Dámaso Alonso

Mi portento inmediato,
mi frenética pasión de cada día,
mi flor, mi ángel de cada instante,
aun como el pan caliente con olor de tu hornada,
aun sumergido en las aguas de Dios,
y en los aires azules del día original del mundo:
dime, dulce amor mío,
dime, presencia incógnita,
45 años de misteriosa compañía,
¿aún no son suficientes
para entregarte, para desvelarte
a tu amigo, a tu hermano,
a tu triste doble?
¡No, no! Dime, alacrán, necrófago,
cadáver que se me está pudriendo encima
desde hace 45 años,
hiena crepuscular,
fétida hidra de 800.000 cabezas,
¿por qué siempre me muestras sólo una cara?
Siempre a cada segundo una cara distinta,
unos ojos crueles,
los ojos de un desconocido,
que me miran sin comprender
(con ese odio del desconocido)
y pasan:
a cada segundo.
Son tus cabezas hediondas, tus cabezas crueles,
oh hidra violácea.
Hace 45 años que te odio,
que te escupo, que te maldigo,
pero no sé a quién maldigo,
a quién odio, a quién escupo.
Dulce,
dulce amor mío incógnito,
45 años hace ya
que te amo.


De "Hijos de la ira"

Dámaso Alonso

miércoles, 24 de febrero de 2016

“Canción de amor de la joven loca” - Poema de Sylvia Plath

Cierro los ojos y el mundo muere;
Levanto los párpados y nace todo nuevamente. (Creo que te inventé en mi mente).
Sin sentir galopa la negrura:
Cierro los ojos y el mundo muere.
Cantabas el sonido de la luna, me besabas locamente.
(Creo que te inventé en mi mente).
Escapan serafines y soldados de Satán:
Cierro los ojos y el mundo muere.
Pero crecí y olvidé tu nombre.
(Creo que te inventé en mi mente).
Al menos cuando la primavera llega ruge nuevamente.
Cierro los ojos y el mundo muere.
(Creo que te inventé en mi mente).

Las estrellas salen valseando en azul y rojo,

Soñé que me hechizabas en la cama

Dios cae del cielo, las llamas del infierno se debilitan:
Imaginé que volverías como dijiste,
Debí haber amado al pájaro de trueno, no a ti;
Sylvia Plath

lunes, 22 de febrero de 2016

“Todo paraíso no está perdido” - André Breton

A Man Ray

Los gallos de roca pasan dentro del cristal
Defienden el rocío a golpe de cresta
Entonces la divisa encantadora del relámpago
Desciende sobra la bandera de las ruinas
La arena no es más que un reloj fosforescente
Que da la medianoche
Por los brazos de una mujer olvidada
Sin refugio girando por el campo
Erguida en las aproximaciones y en los retrocesos celestes
Es aquí
Las sienes azules y duras de la quinta se bañan en la noche
que calca mis imágenes
Cabelleras cabelleras
El mal adquiere fuerzas muy cerca
Solamente se valdrá de nosotros.


André Breton