martes, 12 de noviembre de 2013

SENTADO SOBRE LOS MUERTOS - Miguel Hernández

Sentado sobre los muertos
que se han callado en dos meses,
beso zapatos vacíos
y empuño rabiosamente
la mano del corazón
y el alma que lo sostiene.


Que mi voz suba a los montes
y baje a la tierra y truene,
eso pide mi garganta
desde ahora y desde siempre.


Acércate a mi clamor,
pueblo de mi misma leche,
árbol que con tus raíces
encarcelado me tienes,
que aquí estoy yo para amarte
y estoy para defenderte
con la sangre y con la boca
como dos fusiles fieles.


Si yo salí de la tierra,
si yo he nacido de un vientre
desdichado y con pobreza,
no fue sino para hacerme
ruiseñor de las desdichas,
eco de la mala suerte,
y cantar y repetir
a quien escucharme debe
cuanto a penas, cuanto a pobres,
cuanto a tierra se refiere.


Ayer amaneció el pueblo
desnudo y sin qué comer,
y el día de hoy amanece
justamente aborrascado
y sangriento justamente.


En su mano los fusiles
leones quieren volverse:
para acabar con las fieras
que lo han sido tantas veces.


Aunque le faltan las armas,
pueblo de cien mil poderes,
no desfallezcan tus huesos,
castiga a quien te malhiere
mientras que te queden puños,
uñas, saliva, y te queden
corazón, entrañas, tripas,
cosas de varón y dientes.


Bravo como el viento bravo,
leve como el aire leve,
asesina al que asesina,
aborrece al que aborrece
la paz de tu corazón
y el vientre de tus mujeres.


No te hieran por la espalda,
vive cara a cara y muere
con el pecho ante las balas,
ancho como las paredes.


Canto con la voz de luto,
pueblo de mí, por tus héroes:
tus ansias como las mías,
tus desventuras que tienen
del mismo metal el llanto,
las penas del mismo temple,
y de la misma madera
tu pensamiento y mi frente,
tu corazón y mi sangre,
tu dolor y mis laureles.


Antemuro de la nada
esta vida me parece.


Aquí estoy para vivir
mientras el alma me suene,
y aquí estoy para morir,
cuando la hora me llegue,
en los veneros del pueblo
desde ahora y desde siempre.


Varios tragos es la vida
y un solo trago es la muerte.


Miguel Hernández

martes, 5 de noviembre de 2013

Todo esto por amor – Luis Cernuda

Derriban gigantes de los bosques para hacer un durmiente,
derriban los instintos como flores,
deseos como estrellas
para hacer sólo un hombre con su estigma de hombre.

Que derriben también imperios de una noche,
monarquías de un beso,
no significa nada;
que derriben los ojos, que derriben las manos como estatuas
vacías.

Mas este amor cerrado por ver sólo su forma,
su forma entre las brumas escarlata,
quiere imponer la vida, como otoño ascendiendo tantas
hojas
hacia el último cielo,
donde estrellas
sus labios dan otras estrellas,
donde mis ojos, estos ojos,
se despiertan en otro.


Luis Cernuda

jueves, 31 de octubre de 2013

ELEGÍA - Miguel Hernández

(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
con quien tanto quería
.)

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento.
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.


Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.


Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

Miguel Hernández
"30/10/1910"

martes, 29 de octubre de 2013

Hombre no...- E. E. Cummings

Hombre no, si los hombres son dioses; mas si los dioses
han de ser hombres, el único hombre, a veces, es éste
(el más común, porque toda pena es su pena;
y el más extraño: su gozo es más que alegría)

un demonio, si los demonios dicen la verdad; si los ángeles

en su propia generosamente luz total se incendian,
un ángel; o (daría todos los mundos
antes que ser infiel a su destino infinito)
un cobarde, payaso, traidor, idiota, soñador, bruto:

tal fue y será y es el poeta,

aquel que toma el pulso al horror por defender
con el pecho la arquitectura de un rayo de sol
y por guardar el latido del monte entre sus manos
selvas eternas con su desdicha esculpe.


E. E. Cummings

lunes, 28 de octubre de 2013

La Planta 14 "del pozo minero"

En la planta 14 del pozo minero,
en la tarde amarilla tres hombres no volvieron,
hay sirenas, lamentos, acompasados aies a la boca del pozo,

dos mujeres de luto anhelando dos cuerpos
y una madre que rumia su agonía en silencio: ¡es el tercero!


A las diez la luna clara se refleja en las sortijas del patrón recién llegado
con sombrero, gravedad y su aburrido gesto,
él ha sido el primero, vendrán gobernadores, alcaldes, ingenieros,
tratarán de salvar la presentida viuda que se muerde el pañuelo
no sabrán acercarse a la madre que les mira con los ojos resecos.


A las doce el patrón mirará su reloj, los otros ya se fueron
y en un punto y aparte, esbozará un fastidio mientras piensa:
 'pero, ¿dónde están estos?'
Ha llegado otro relevo de bomberos
y a la una menos diez verá la noche el primer muerto.


Sentados en el suelo los mineros se hacen cruces y reniegan de Dios
quién diría les pillara de sorpresa la tragedia repetida
a veces el más bravo, se le queda mirándo fijamente al patrón con los dientes apretados y el patrón con sombrero, tiene dos policías a su lado, no hay cuidado.
Tres horas lentas pasan y a la luz de las linternas asustadas
el cura con los ojos arrasados al segundo le va uniendo sobre el pecho las manos
y un chaval de quince años mientras llora impotente se abraza contra un árbol
y el chófer del patrón con su gorra de plato
se siente desplazado
es un hombre prudente, bien
domado.
El rocío ha calado hasta los huesos cuando sale el tercero
que recibe con sonrisa gris-azul la madrugada
y con voces los mineros, mientras se abrazan todos
y uno de ellos, el más fiero por no irse al patrón llora en el suelo.


Víctor Manuel

martes, 22 de octubre de 2013

Bosque - Ángel González

Cruzas por el crepúsculo.
El aire tienes que separarlo casi con las manos
de tan denso,

de tan impenetrable.

Andas.
No dejan huellas tus pies.
Cientos de árboles
contienen el aliento sobre tu cabeza.


Un pájaro no sabe que estás allí,
y lanza su silbido largo al otro lado del paisaje.
El mundo cambia de color:
es como el eco del mundo.

Eco distante
que tú estremeces,

traspasando las últimas fronteras de la tarde.

Ángel González

lunes, 21 de octubre de 2013

Justicia...Un día como hoy

El mundo desea la paz,
la justicia y el respeto,
sabemos nuestro derecho
de exigir la libertad.
 
Y en vez de paz surge guerra
y al ver justicia reñida
el respeto se aniquila
pues la libertad no llega.
 
Sólo existe el desafuero
porque impera la maldad
y por justicia incapaz
no hay derecho verdadero
y no tendremos la paz
si el dominio va primero.
 
“Melancolía”
OBSERVACION: Difícil hoy, hablar de justicia…

martes, 8 de octubre de 2013

Si el hombre pudiera decir - Luis Cernuda

Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo, dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.
 
Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina,
por quien el día y las noches son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.
Tú justificas mi existencia:
 
Si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.
 
Luis Cernuda