martes, 11 de agosto de 2015

Aceituneros - Poema de Miguel Hernández

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma, ¿quién,
quién levantó los olivos?

No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.

Unidos al agua pura
y a los planetas unidos,
los tres dieron la hermosura
de los troncos retorcidos.

Levántate, olivo cano,
dijeron al pie del viento.
Y el olivo alzó una mano
poderosa de cimiento.

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma ¿quién

quién amamantó los olivos?

Vuestra sangre, vuestra vida,
no la del explotador
que se enriqueció en la herida
generosa del sudor.

No la del terrateniente
que os sepultó en la pobreza,
que os pisoteó la frente,
que os redujo la cabeza.

Árboles que vuestro afán
consagró al centro del día
eran principio de un pan
que sólo el otro comía.

¡Cuántos siglos de aceituna,
los pies y las manos presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros huesos!

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
pregunta mi alma: ¿de quién,
de quién son estos olivos?

Jaén, levántate brava
sobre tus piedras lunares,
no vayas a ser esclava
con todos tus olivares.

Dentro de la claridad
del aceite y sus aromas,
indican tu libertad
la libertad de tus lomas.

Miguel Hernández

lunes, 10 de agosto de 2015

Por tierras de España - Antonio Machado

El hombre de estos campos que incendia los pinares

 y su despojo aguarda como botín de guerra,

antaño hubo raído los negros encinares,

talado los robustos robledos de la sierra.

 
Hoy ve sus pobres hijos huyendo de sus lares;

la tempestad llevarse los limos de la tierra

por los sagrados ríos hacia los anchos mares;

y en páramos malditos trabaja, sufre y yerra.

 
Es hijo de una estirpe de rudos caminantes,

pastores que conducen sus hordas de merinos

 a Extremadura fértil, rebaños trashumantes

que mancha el polvo y dora el sol de los caminos.

 
Pequeño, ágil, sufrido, los ojos de hombre astuto,

hundidos, recelosos, movibles; y trazadas

cual arco de ballesta, en el semblante enjuto

de pómulos salientes, las cejas muy pobladas.
 

Abunda el hombre malo del campo y de la aldea,

capaz de insanos vicios y crímenes bestiales,

que bajo el pardo sayo esconde un alma fea,

esclava de los siete pecados capitales.

 
Los ojos siempre turbios de envidia o de tristeza,

guarda su presa y llora la que el vecino alcanza;

ni para su infortunio ni goza su riqueza;

le hieren y acongojan fortuna y malandanza.

 
El numen de estos campos es sanguinario y fiero;

al declinar la tarde, sobre el remoto alcor,

veréis agigantarse la forma de un arquero,

la forma de un inmenso centauro flechador.
 

Veréis llanuras bélicas y páramos de asceta

-no fue por estos campos el bíblico jardín-;

son tierras para el águila, un trozo de planeta

por donde cruza errante la sombra de Caín.

 
Antonio Machado

jueves, 23 de julio de 2015

Versos de amor - Poema F. Lope de Vega

Versos de amor, conceptos esparcidos,
engendrados del alma en mis cuidados,
partos de mis sentidos abrasados,
con más dolor que libertad nacidos;
expósitos al mundo, en que perdidos,
tan rotos anduviste y trocados,
que sólo donde fuiste engendrados
fueran por la sangre conocidos;
pues que le hurtáis el laberinto a Creta,
a Dédalo los altos pensamientos,
la furia al mar, las llamas al abismo,
si aquel áspid hermoso nos aceta,
dejad la tierra, entretened los vientos,
descansaréis en vuestro centro mismo.

Felix Lope de Vega

miércoles, 22 de julio de 2015

AMOR CASI UN VUELO - Poema Fray Luis de León

Amor casi de un vuelo me ha encumbrado
adonde no llegó ni el pensamiento;
mas toda esta grandeza de contento
me turba, y entristece este cuidado,

que temo que no venga derrocado
al suelo por faltarle fundamento;
que lo que en breve sube en alto asiento,
suele desfallecer apresurado.

mas luego me consuela y asegura
el ver que soy, señora ilustre, obra
de vuestra sola gracia, y que en vos fío:

porque conservaréis vuestra hechura,
mis faltas supliréis con vuestra sobra,
y vuestro bien hará durable el mío.

Fray Luis de León

martes, 21 de julio de 2015

Amantes - Poema de Pablo García Baena

El que todo lo ama con las manos
despierta la caricia de las cítaras,
siente el silencio y su pesada carne
fluyendo como ungüento entre los dedos,
lame la lenta lengua de sus manos
el hueso de la tarde y sus sortijas
se enredan en el ave adormecida
del viento. Labra en mármoles de humo
el cuerpo palpitante del abrazo
extenuado cual cervato agónico,
y con el pico frío de sus uñas
monda la oliva efímera del beso.

El que se ama solo, el que se sueña
bajo el deseo blanco de las sábanas,
el que llora por sí, el que se pierde
tras espejos de lluvia y el que busca
su boca cuando bebe el don del vino,
el que sorbe en la axila de la rosa
la pereza oferente de sus hombros,
el que encuentra los muslos del aljibe
contra sus muslos, como un saurio verde
sobre el mármol desnudo e inviolado,
ese que pisa, sombra, desdeñoso
el pavimento de las madrugadas.

El que ama un instante, peregrino
voluble, de flauta hasta los labios,
de la trenza al citiso, de los cisnes
a la garganta, de la perla al párpado,
de la cintura al ágata, del paje
a la calandria y tras él, silente
va talando el olvido de las mieses altas,
tirso áureos de espigas, leves brotes,
todo un bosque confuso de recuerdos,
y él va cantando, ruiseñor nocturno,
capricho y galanía, bajo la luna.

Y el que besa llorando y el que sólo
sabe ofrecer y aquel que cubre el pecho,
para no amar, de oscuro arnés, sonrisa
y un gerifalte lleva silencioso
devorando su corazón de gules.

Todos, la noche maga con su rezo
los enloquece, clava en sus pupilas
el helor de su vaga nieve negra,
les da a beber rencor entre sus manos,
los hurta en el arzón de sus corceles,
los trae y los lleva como mar en cólera,
coronadas las olas de sollozos,
de cabelleras náufragas, de sangre,
y los devuelve dulces, poseídos,
hasta la playa bruna y solitaria.

Pablo García Baena

lunes, 20 de julio de 2015

Colina – Poema de Ángela Figuera -

Ola cuajada en la piedra
con espuma de romero,
hasta tu desnuda cima
me has levantado sin vuelo.
Sobre tu lomo clavada
-mástil sin vela en el viento-
de un horizonte redondo
soy matemático centro.
Ocres, amarillos, verdes,
me enredan los pensamientos...
-pinos, tierra; tierra, pinos;
Duero, chopos; chopos, Duero-.
El aire me hace sorber
tragos de frío silencio.
El péndulo de la tarde
me bate lento en el pecho.
El grito de un ave avanza,
hélice de agudo acero:
manos y boca me sangran
sólo de intentar cogerlo.


Ángela Figuera

viernes, 12 de junio de 2015

Al otro lado de las montañas - Poema de Alvaro Cunqueiro

"Alguien dijo que había ciudades para soñar
al otro lado de las montañas.
No dijo si estaban suspendidas en el aire,
sumergidas en las lagunas,
o perdidas en el corazón del bosque.
Los que allá fueron nada encontraron,
ni altas torres ni jardines
ni mujeres hilando en el atrio,
ni un muchacho aprendiendo a tocar la gaita.
Solo yo traje algo para seguir soñando
algo visto y no visto en la niebla de la mañana,
algo que era una flor o un mirlo de oro
o un pie descalzo de mujer,
un sueño de otro que se ponía a dormir en mi,
echado en mis ojos,
pidiéndome que lo soñase mas allá de las montañas,
donde no hay ciudades para soñar.
Y ahora mi oficio es soñar, y no se
si soy yo quien sueño, o es que por mi sueñan
campos, miradas azules, palomas que juegan con un niño,
o una mano pequeña y fría que me acaricia el corazón."

Alvaro Cunqueiro

martes, 2 de junio de 2015

UNA NUBE EN MI MANO - Poema de Mahmud Darwish

Han ensillado los caballos
sin saber por qué,
pero han ensillado los caballos en la llanura.
El lugar estaba preparado para su nacimiento: una colina
desde los arrayanes de sus antepasados
se vuelve a Oriente y Occidente.
En los Libros, las hileras de olivos exaltan
las caras visibles del lenguaje
y un humo de lapislázuli adorna este día para
una pregunta que no concierne sino a Dios.
Marzo, niño mimado de los meses.
Marzo carda el algodón sobre los almendros.
Marzo ofrece un banquete de malva en el patio de la iglesia.
Marzo, tierra para la noche de la golondrina,
para una mujer que se dispone a gritar en los desiertos
y habita en los robles.
Un niño nace
y su grito permanece
en las grietas del lugar.
Nos hemos separado en las escaleras de la casa.
Ellos decían:
en mi grito hay una cautela que
no conviene a las plantas aturdidas.
En mi grito hay lluvia. ¿He perjudicado a mis hermanos
cuando he dicho que he visto a los ángeles jugando con el lobo
en el patio de nuestra casa? No recuerdo
sus nombres, su forma de hablar
ni su ligereza al volar.
Mis amigos extienden las alas por la noche y no
dejan ninguna huella tras de sí.
¿Le diré la verdad a mi madre?
Tengo otros hermanos que ponen
una luna en mi balcón
y tejen un manto de margaritas.
Han ensillado los caballos
sin saber por qué,
pero han ensillado los caballos al final de la noche.
Siete espigas bastan para la mesa del verano.
Siete espigas en mis manos. Y en cada espiga
el campo hace crecer un trigal.
Mi padre sacaba el agua de su pozo y le decía:
no te seques. Me daba la mano
para que me viera agrandarme cual verdolaga...
Camino por el brocal del pozo: tengo dos lunas,
una en lo alto
y la otra en el agua, nada... tengo dos lunas
seguras, como sus antepasados, de la verdad
de las leyes... Ellos han fundido el hierro de las espadas,
las rejas de los arados. La espada no puede reparar
lo que el verano ha estropeado, han dicho. Han rezado
mucho tiempo y han cantado sus alabanzas a la naturaleza...
Han ensillado los caballos
para bailar la danza de los caballos
en la noche de plata.
Una nube en mi mano me hiere: no
quiero de la tierra más que
esta tierra: el olor del cardamomo y el tamo
entre mi padre y el caballo.
Una nube en mi mano me ha herido.
No quiero del sol más que
una pepita de naranja
y el oro que fluye de la llamada a la oración.
Han ensillado los caballos,
sin saber por qué,
pero han ensillado los caballos
al final de la noche, y han esperado
a un espectro surgiendo de las grietas del lugar.
 
Mahmud Darwish