jueves, 19 de noviembre de 2015

Los intranquilos – Jorge Guillen

Somos los hombres intranquilos
En sociedad.
Ganamos,gozamos, volamos.
¡Que malestar!


El mañana asoma entre nubes
De un cielo turbio
Con alas de arcángeles-átomos
Como un anuncio.
Estamos siempre a la merced
De una cruzada.
Por nuestras venas corre sangre
De catarata.

Así vivimos sin saber
Si el aire es nuestro.
Quizá muramos en la calle,
quizá en el lecho.

Somos entre tanto felices.
Seven o'clock.
Todo es bar y delicia oscura
¡televisión!
Jorge Guillen

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Y escribir tu silencio sobre el agua - Poema de Luis Rosales

“Sólo florece el agua que está queda”
Unamuno



No sé si es sombra en el cristal, si es sólo
calor que empaña un brillo; nadie sabe
si es de vuelo este pájaro o de llanto;
nadie le oprime con su mano, nunca
le he sentido latir, y está cayendo
como sombra de lluvia, dentro y dulce,
del bosque de la sangre, hasta dejarla
casi acuñada y vegetal, tranquila.
No sé, siempre es así, tu voz me llega
como el aire de Marzo en un espejo,
como el paso que mueve una cortina
detrás de la mirada; ya me siento
oscuro y casi andado; no sé cómo
voy a llegar, buscándote, hasta el centro
de nuestro corazón, y allí decirte,
madre, que yo he de hacer en tanto viva,
que no te quedes huérfana de hijo,
que no te quedes sola allá en tu cielo,
que no te falte yo como me faltas.


Luis Rosales

lunes, 16 de noviembre de 2015

Para la libertad – Poema de Miguel Hernández

Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.


Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.


Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.


Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.


Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.


Miguel Hernández

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Canción de amor - Rainer Maria Rilke

¿Cómo sujetar mi alma para
que no roce la tuya?
¿Cómo debo elevarla
hasta las otras cosas, sobre ti?
Quisiera cobijarla bajo cualquier objeto perdido,
en un rincón extraño y mudo
donde tu estremecimiento no pudiese esparcirse.

Pero todo aquello que tocamos, tú y yo,
nos une, como un golpe de arco,
que una sola voz arranca de dos cuerdas.
¿En qué instrumento nos tensaron?
¿Y qué mano nos pulsa formando ese sonido?
¡Oh, dulce canto!


Rainer Maria Rilke

martes, 10 de noviembre de 2015

ROMERÍA – Poema de Cesar Vallejo

Pasamos juntos. El sueño
lame nuestros pies qué dulce;
y todo se desplaza en pálidas
renunciaciones sin dulce.

Pasamos juntos. Las muertas
almas, las que, cual nosotros,
cruzaron por el amor,
con enfermos pasos ópalos,
salen en sus lutos rígidos
y se ondulan en nosotros.
Amada, vamos al borde
frágil de un montón de tierra.
Va en aceite ungida el ala,
y en pureza. Pero un golpe,
al caer yo no sé dónde,
afila de cada lágrima
un diente hostil.

Y un soldado, un gran soldado,
heridas por charreteras,
se anima en la tarde heroica,
y a sus pies muestra entre risas,
como una gualdrapa horrenda,
el cerebro de la Vida.

Pasamos juntos, muy juntos,
invicta Luz, paso enfermo;
pasamos juntos las lilas
mostazas de un cementerio.


Cesar Vallejo

lunes, 9 de noviembre de 2015

CARMEN VIII - Poema de Gayo Valerio Catulo

¡Ay, Catulo, deja de hacer simplezas,
y ten lo que está muerto por perdido!

Radiantes soles te brillaban cuando, 

en esos días, ibas

allí donde quería la niñita,

amada por nosotros como nadie

será amada jamás.

Muchas fiestas celebraste allí entonces,

que tú deseabas y ella no odiaba.

En verdad, lucían soles radiantes.

Ella ya no lo quiere,

no lo quieras tú, débil,

ni persigas a la que huye, ni vivas

miserable: resiste

con tu mente obstinada.

Adiós, niña. Catulo aguanta ya,

no te rogará ni pedirá nada.

Mas sufrirás, cuando por nadie seas

rogada. ¡Ay, infame! ¿Qué vida te queda?

¿Quién irá a ti hoy? ¿Quién verá tu belleza?

¿A quién amarás ahora? ¿De quién

se dirá que eres? ¿A quién besarás?

¿A quién morderás los delgados labios?

Pero, Catulo, aguanta decidido.


Gayo Valerio Catulo

domingo, 8 de noviembre de 2015

El mar - Poema de Pablo Neruda

NECESITO del mar porque me enseña:
no sé si aprendo música o conciencia:
no sé si es ola sola o ser profundo
o sólo ronca voz o deslumbrante
suposición de peces y navíos.
El hecho es que hasta cuando estoy dormido
de algún modo magnético circulo
en la universidad del oleaje.
No son sólo las conchas trituradas
como si algún planeta tembloroso
participara paulatina muerte,
no, del fragmento reconstruyo el día,
de una racha de sal la estalactita
y de una cucharada el dios inmenso.

Lo que antes me enseñó lo guardo! Es aire,
incesante viento, agua y arena.

Parece poco para el hombre joven
que aquí llegó a vivir con sus incendios,
y sin embargo el pulso que subía
y bajaba a su abismo,
el frío del azul que crepitaba,
el desmoronamiento de la estrella,
el tierno desplegarse de la ola
despilfarrando nieve con la espuma,
el poder quieto, allí, determinado
como un trono de piedra en lo profundo,
substituyó el recinto en que crecían
tristeza terca, amontonando olvido,
y cambió bruscamente mi existencia:
di mi adhesión al puro movimiento.

Pablo Neruda
 

 
 

CARMEN VII - Poema de Gayo Valerio Catulo

Me preguntas, oh Lesbia, cuántos besos
tuyos me sean suficientes, cuántos

me sean demasiados.

Cuan gran número de arena de Libia 

yace en Cirene, de laserpicïo

plena, entre el oráculo del ardiente

Jove y el túmulo del anciano Bato;

o cuantos astros nos ven, al callar 

la noche, enredados en amoríos;

sólo esa cantidad satisfará

a Catulo el loco, y demasiados 

serán, y afortunados,

que ni contarlos podrán los curiosos

ni con sus malas lenguas hechizarlos.


Gayo Valerio Catulo