sábado, 9 de abril de 2016

Burka – Poema de Pedro Guerra

Pies que no pueden hacer ruido al andar

Mujeres condenadas tras el velo

Dedos que no pueden escribir ni contar

Labios que no pueden sonreír ni cantar.

Brazos que no pueden recibir ni abrazar

Mujeres condenadas tras el velo

Mentes que no pueden decidir ni pensar

Ojos que olvidaron el placer de mirar.

Muertas en vida

Dolidas del alma

Personas heridas

Mujeres fantasma.

Pasos encerrados sin un ir ni venir

Mujeres condenadas tras el velo

Letras denegadas sin nombrar ni decir

Besos que no alcanzan labios donde existir.

Vidas que no sacian ni el amor ni la sed

Mujeres condenadas tras el velo

Rejas que limitan cuanto se quiere ver

Burkas enrejadas libertad tras la red.

Muertas en vida

Dolidas del alma

Personas heridas

Mujeres fantasma.

Pedro Guerra

martes, 5 de abril de 2016

DONDE NACE TU VOZ - Juan Carlos García Hoyuelos

Castilla y Vasconia,
miradas al cielo evitando posible frontera
cuando ambas coinciden en el valle de Valdegovía.

Quien separó pueblos
desconocía que el castellano
se agarra con cepas vascas
a la tierra, al antiguo fuego pagano.

¿Es posible una cuna sin llanto?
Entonces… todo el valle, y no una parte,
Valpuesta, son el origen de una lengua: el castellano;
simbiosis que une y nunca separa
Burgos de Álava, a los castellanos
de sus hermanos, los vascos,
hoja escrita a doble cara en un mismo cartulario.

Al abrigo de peñas y cerros, un idioma,
híbrido del pasto y de la piedra
erosionada hasta que se hizo muralla,
fue extendiéndose valle a valle,
cosiendo con ríos su ánima de seda.

Y aunque más que mil otoños
hayan amontonado hojas en el suelo,
su origen sigue siendo el que fue,
definición primogénita,
sabor a manantial,
un sorbo desnudo,
profundas huellas en la nieve,
el retorno al mismo campanario
de una cigüeña.

Juan Carlos García Hoyuelos 

Foto: Valpuesta: municipio considerado como uno de los orígenes de la Lengua Castellana, basado en los cartularios del monasterio de esa localidad burgalés, ubicada en Valdegovía (en euskera "Gaubea"), valle que comparten las provincias de Álava, la mayor parte de su territorio, y de Burgos.




domingo, 3 de abril de 2016

Ulises – Poema de Alfred Tennyson

De nada sirve que viva como un rey inútil
junto a este hogar apagado, entre rocas estériles,
el consorte de una anciana, inventando y decidiendo
leyes arbitrarias para un pueblo bárbaro,
que acumula, y duerme, y se alimenta, y no sabe quién soy.

No encuentro descanso al no viajar; quiero beber
la vida hasta las heces. Siempre he gozado
mucho, he sufrido mucho, con quienes
me amaban o en soledad; en la costa y cuando
con veloces corrientes las constelaciones de la lluvia
irritaban el mar oscuro. He llegado a ser famoso;
pues siempre en camino, impulsado por un corazón hambriento,
he visto y conocido mucho: las ciudades de los hombres
y sus costumbres, climas, consejos y gobiernos,
no siendo en ellas ignorado, sino siempre honrado en todas;
y he bebido el placer del combate junto a mis iguales,
allá lejos, en las resonantes llanuras de la lluviosa Troya.

Formo parte de todo lo que he visto;
y, sin embargo, toda experiencia es un arco a través del cual
se vislumbra un mundo ignoto, cuyo horizonte huye
una y otra vez cuando avanzo.

¡Qué fastidio es detenerse, terminar,
oxidarse sin brillo, no resplandecer con el ejercicio!

Como si respirar fuera la vida. Una vida sobre otra
sería del todo insuficiente, y de la única que tengo
me queda poco; pero cada hora me rescata
del silencio eterno, añade algo,
trae algo nuevo; y sería despreciable
guardarme y cuidarme el tiempo de tres soles,
y refrenar este espíritu ya viejo, pero que arde en el deseo
de seguir aprendiendo, como se sigue a una estrella que cae,
más allá del límite más extremo del pensamiento humano.

Éste es mi hijo, mi propio Telémaco,
a quien dejo el cetro y esta isla.

Lo quiero mucho; tiene el criterio para triunfar
en esta labor, para civilizar con prudente paciencia
a un pueblo rudo, y para llevarlos lentamente
a que se sometan a lo que es útil y bueno.

Es del todo impecable, dedicado completamente
a los intereses comunes, y se puede confiar
en que sea compasivo y cumpla los ritos
con que se adora a los dioses tutelares
cuando me haya ido. Él hace lo suyo, yo, lo mío.

Allí está el puerto; el barco extiende sus velas;
allí llama el amplio y oscuro mar. Vosotros, mis marineros,
almas que habéis trabajado y sufrido y pensado junto a mí,
y que siempre tuvisteis una alegre bienvenida
tanto para los truenos como para el día despejado, recibiéndolos
con corazones libres e inteligencias libres, vosotros y yo hemos envejecido.

La ancianidad tiene todavía su honra y su trabajo.

La muerte lo acaba todo: pero algo antes del fin,
alguna labor excelente y notable, todavía puede realizarse,
no indigna de quienes compartieron el campo de batalla con los dioses.

Las estrellas comienzan a brillar sobre las rocas:
el largo día avanza hacia su fin; la lenta luna asciende; los hondos
lamentos son ya de muchas voces. Venid, amigos míos.

No es demasiado tarde para buscar un mundo nuevo.

Zarpemos, y sentados en perfecto orden hiramos
los resonantes survos, pues me propongo
navegar más allá del poniente y el lugar en que se bañan
todos los astros del occidente, hasta que muera.

Es posible que las corrientes nos hundan y destruyan;
es posible que demos con las Islas Venturosas,
y veamos al gran Aquiles, a quien conocimos.

A pesar de que mucho se ha perdido, queda mucho; y, a pesar
de que no tenemos ahora el vigor que antaño
movía la tierra y los cielos, lo que somos, somos:
un espíritu ecuánime de corazones heroicos,
debilitados por el tiempo y el destino, pero con una voluntad decidida
a combatir, buscar, encontrar y no ceder.

Alfred Tennyson

lunes, 28 de marzo de 2016

Para la Libertad - Poema de Miguel Hernández -

Para la libertad sangro, lucho, pervivo.

Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.

Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.

Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.

Porque soy como el árbol talado, que retoño:
aún tengo la vida,  aún tengo la vida.

Miguel Hernández

viernes, 18 de marzo de 2016

EN TU BOCA MI TEMPERATURA - Poema de Juan Carlos García Hoyuelos

¿Quién sentando cátedra me dijo
que por los diáfanos pasillos
donde peregrina la lluvia
se desprende el libido
de un furtivo río?

¿Quién simuló darme su primer beso
y, tiempo después,
continúa guardándolo
en la frontera imaginaria
que divide la noche
del neófito bostezo del alba?

Contéstame, ¿quién eres?;
¿quizás el cóctel
cuya mezcla no se delata
en unos exiguos sorbos?,
¿o tal vez aquella canción,
obstinada y voraz,
que de tanto repetirse
cayó en el olvido
su melodioso estribillo?

¿Quién?, porque si eres tú
esa carta marcada que no me atreví
a poner sobre la mesa,
el piélago de mis puntos suspensivos,
la letanía de mi vello,
porque si eres tú…
¿a qué esperas a tomar
en tu boca mi temperatura?

Juan Carlos García Hoyuelos



miércoles, 16 de marzo de 2016

¿Para cuándo? – Poema Muhammad Aziz al-Hababi

La noche
nos sigue.

Noche sin fin,
tinieblas del hambre,
tinieblas sin luna
que alucina nuestros pálidos rostros.

Gritos de blasfemia
horadan la blindada faz del cielo sin eco.

Gritos salvajes.

Gritos de rabia
que la miseria arranca
de nuestras gargantas en llamas.
¿Para cuándo
las espigas de nuestra tierra
y la dulzura de nuestro cielo?

¿Para cuándo
el sol en el corazón?

¿Veremos un día,
el día,
como todo el mundo?

Todo el mundo busca la paz.

Nosotros preferimos estar en querella
con la muerte
que nos siega
sin consideraciones
ni piedad
por teorías
infinitas,
todos los días
sin tregua.


Muhammad Aziz al-Hababi

martes, 15 de marzo de 2016

Para la Libertad - Poema de Miguel Hernández

Para la libertad sangro, lucho, pervivo.

Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.

Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.

Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.

Porque soy como el árbol talado, que retoño:
aún tengo la vida,  aún tengo la vida.


Miguel Hernández

lunes, 14 de marzo de 2016

La Cárcel – Poema de Gabriel Celaya

Nací  en la cárcel, hijos. Soy un preso de siempre.
Mi padre ya fue un preso. Y el padre de mi padre.
Y mi madre alumbraba, uno tras otro, presos,
Como una perra perros. Es la ley, según dicen.
Un día me vi libre. Con mis ojos anclados
En el mágico asombro de las cosas cercanas,
No veía los muros ni las largas cadenas
Que a través de los siglos me alcanzaban la carne.
Mis pies iban ligeros. Pisaban hierba verde.
Y era un tonto y reía
Porque en los duros bancos de la escuela
Podía pellizcar a los vecinos,
Jugar a cara o cruz y cazar moscas
Mientras cuatro por siete eran veintiocho
Y era Madrid la capital de España
Y Cristo vino al mundo por salvarnos.
Sí, entonces me vi libre. Las manos  me crecían
Inocentes y tiernas como pan recién hecho
Pues no sabían nada del hierro y la madera
Soldados a sus palmas cuando el sudor profuso
Igual que un vino aguado
Apenas nos ablanda la fatiga.
Hoy los muros me crecen más altos que la frente,
Más altos que el deseo, más altos que el empuje
Del corazón. Arrastro
Unas secas raíces que me enredan las piernas
Cuando voy, como un péndulo de trayecto inmutable,
Desde el sueño al cansancio, del cansancio hasta el sueño.
Soy un preso de siempre para siempre. Es el orden.

Gabriel Celaya