martes, 19 de abril de 2016

Amor - Poema de María Victoria Atencia García

Cuando todo se aquieta
en el silencio, vuelvo       
al borde de la cuna
en que mi niño duerme
con ojos tan cerrados
que apenas si podría
entrar hasta su sueño
la moneda de un ángel.
      
Dejados al abrigo
de su ternura asoman
por la colcha en desorden,
muy cerca de sus manos,
los juguetes que tuvo
junto a sí todo el día,
ensayando un afecto
al que ya soy extraña.
      
Quien a mí estuvo unido
como carne en mi carne,
un poco más se aparta
cada instante que vive;
pero esa es mi tristeza
y mi alegría un tiempo,
porque se cierra el círculo
y él camina al amor.

María Victoria Atencia García

lunes, 18 de abril de 2016

Aquí están todas las rosas encarnadas del deseo...Poema de Gabriel Celaya - En su aniversario

¡Aquí están todas las rosas encarnadas del deseo! 

Allí la luna, callada, 
blanca y estéril, mirando, 
espejo vuelto a sí mismo, 
su perfección de narciso: 
soledad en aguas blancas 
de lo blanco quieto y frío.

Dura o sin sangre, tranquila, 
de está mirando a sí misma, 
mientras rosas encarnadas, 
pulpa y amor, carne viva, 
bajo una brisa caliente 
se desmayan de delicia.

Con los ojos en la luna, 
bajo los pies, rosas rojas, 
estoy esperando, quieto, 
que tú, que yo mismo venga 
sigiloso por la espalda, 
con la sorpresa de un beso 
blanco y verde de silencio, 
que tú, que yo mismo venga 
con un beso 
muerto de puro perfecto.

Gabriel Celaya

miércoles, 13 de abril de 2016

Besos - Poema de Gabriela Mistral

Hay besos que pronuncian por sí solos 
la sentencia de amor condenatoria,
hay besos que se dan con la mirada
hay besos que se dan con la memoria.

Hay besos silenciosos, besos nobles
hay besos enigmáticos, sinceros
hay besos que se dan sólo las almas
hay besos por prohibidos, verdaderos.

Hay besos que calcinan y que hieren,
hay besos que arrebatan los sentidos,
hay besos misteriosos que han dejado
mil sueños errantes y perdidos.

Hay besos problemáticos que encierran
una clave que nadie ha descifrado,
hay besos que engendran la tragedia
cuantas rosas en broche han deshojado.

Hay besos perfumados, besos tibios
que palpitan en íntimos anhelos,
hay besos que en los labios dejan huellas
como un campo de sol entre dos hielos.

Hay besos que parecen azucenas
por sublimes, ingenuos y por puros,
hay besos traicioneros y cobardes,
hay besos maldecidos y perjuros.

Judas besa a Jesús y deja impresa
en su rostro de Dios, la felonía,
mientras la Magdalena con sus besos
fortifica piadosa su agonía.

Desde entonces en los besos palpita
el amor, la traición y los dolores,
en las bodas humanas se parecen
a la brisa que juega con las flores.

Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien son besos míos
inventados por mí, para tu boca.

Besos de llama que en rastro impreso
llevan los surcos de un amor vedado,
besos de tempestad, salvajes besos
que solo nuestros labios han probado.

¿Te acuerdas del primero...? Indefinible;
cubrió tu faz de cárdenos sonrojos
y en los espasmos de emoción terrible,
llenáronse de lágrimas tus ojos.

¿Te acuerdas que una tarde en loco exceso
te vi celoso imaginando agravios,
te suspendí en mis brazos... vibró un beso,
y qué viste después...? Sangre en mis labios.

Yo te enseñé a besar: los besos fríos
son de impasible corazón de roca,
yo te enseñé a besar con besos míos
inventados por mí, para tu boca.

Gabriela Mistral

martes, 12 de abril de 2016

Llegarán los almendros – Poema de Clara Janes

Llegarán los almendros en flor a tu ventana
huidos de mi pensamiento,
y el temblor del olivo
que se estremece al paso de la noche.

Pero yo, cada vez más perdida en tus palabras,
no tendré fuerza para llegar hasta tu puerta,
me quedaré vagando por las calles,
desgranando temores por la tierra de Kampa,
dialogando confusa con el aire,
bailando cortesmente con el río la danza de la muerte,
con delicados arabesques
y oscuras reverencias.

No intentaré siquiera hablarte con la lluvia,
ni cabalgar el viento
y escondida en sus crines
devolverte el perfume de las rosas

que tú de un solo gesto, de una vez para siempre,
has desenterrado para mí
con toda la encendida primavera.

Clara Janes

lunes, 11 de abril de 2016

LIMBO – Luis Cernuda

A Octavio Paz

La plaza sola (gris el aire,
negros los árboles, la tierra
manchada por la nieve),
parecía, no realidad, mas copia
triste sin realidad. Entonces,
ante el umbral, dijiste:
viviendo aquí serías
fantasma de ti mismo.

Inhóspita en su adorno
parsimonioso, porcelanas, bronces,
muebles chinos, la casa
oscura toda era,
pálidas sus ventanas sobre el río,
y el color se escondía
en un retablo español, en un lienzo
francés, su brío amedrentado.

Entre aquellos despojos,
proyecto, el dueño estaba
sentado junto a su retrato
por artista a la moda en años idos,
imagen fatua y fácil
del dilettante, divertido entonces
comprando lo que una fe creara
en otro tiempo y otra tierra.

Allí con sus iguales,
damas imperativas bajo sus afeites,
caballeros seguros de sí mismos,
rito social cumplía,
y entre el diálogo moroso,
tú oyendo alguien me dijo: "Me ofrecieron
la primera edición de un poeta raro,
y la he comprado", tu emoción callaste.

Así, pensabas, el poeta
vive para esto, para esto
noches y días amargos, sin ayuda
de nadie, en la contienda
adonde, como el fénix, muere y nace,
para que años después, siglos
después, obtenga al fin el displicente
favor de un grande en este mundo.

Su vida ya puede excusarse,
porque ha muerto del todo;
su trabajo ahora cuenta,
domesticado para el mundo de ellos,
como otro objeto vano,
otro ornamento inútil;
y tú cobarde, mudo
te despediste ahí, como el que asiente,
más allá de la muerte, a la injusticia.

Mejor la destrucción, el fuego.

Luis Cernuda

sábado, 9 de abril de 2016

Burka – Poema de Pedro Guerra

Pies que no pueden hacer ruido al andar

Mujeres condenadas tras el velo

Dedos que no pueden escribir ni contar

Labios que no pueden sonreír ni cantar.

Brazos que no pueden recibir ni abrazar

Mujeres condenadas tras el velo

Mentes que no pueden decidir ni pensar

Ojos que olvidaron el placer de mirar.

Muertas en vida

Dolidas del alma

Personas heridas

Mujeres fantasma.

Pasos encerrados sin un ir ni venir

Mujeres condenadas tras el velo

Letras denegadas sin nombrar ni decir

Besos que no alcanzan labios donde existir.

Vidas que no sacian ni el amor ni la sed

Mujeres condenadas tras el velo

Rejas que limitan cuanto se quiere ver

Burkas enrejadas libertad tras la red.

Muertas en vida

Dolidas del alma

Personas heridas

Mujeres fantasma.

Pedro Guerra

martes, 5 de abril de 2016

DONDE NACE TU VOZ - Juan Carlos García Hoyuelos

Castilla y Vasconia,
miradas al cielo evitando posible frontera
cuando ambas coinciden en el valle de Valdegovía.

Quien separó pueblos
desconocía que el castellano
se agarra con cepas vascas
a la tierra, al antiguo fuego pagano.

¿Es posible una cuna sin llanto?
Entonces… todo el valle, y no una parte,
Valpuesta, son el origen de una lengua: el castellano;
simbiosis que une y nunca separa
Burgos de Álava, a los castellanos
de sus hermanos, los vascos,
hoja escrita a doble cara en un mismo cartulario.

Al abrigo de peñas y cerros, un idioma,
híbrido del pasto y de la piedra
erosionada hasta que se hizo muralla,
fue extendiéndose valle a valle,
cosiendo con ríos su ánima de seda.

Y aunque más que mil otoños
hayan amontonado hojas en el suelo,
su origen sigue siendo el que fue,
definición primogénita,
sabor a manantial,
un sorbo desnudo,
profundas huellas en la nieve,
el retorno al mismo campanario
de una cigüeña.

Juan Carlos García Hoyuelos 

Foto: Valpuesta: municipio considerado como uno de los orígenes de la Lengua Castellana, basado en los cartularios del monasterio de esa localidad burgalés, ubicada en Valdegovía (en euskera "Gaubea"), valle que comparten las provincias de Álava, la mayor parte de su territorio, y de Burgos.




domingo, 3 de abril de 2016

Ulises – Poema de Alfred Tennyson

De nada sirve que viva como un rey inútil
junto a este hogar apagado, entre rocas estériles,
el consorte de una anciana, inventando y decidiendo
leyes arbitrarias para un pueblo bárbaro,
que acumula, y duerme, y se alimenta, y no sabe quién soy.

No encuentro descanso al no viajar; quiero beber
la vida hasta las heces. Siempre he gozado
mucho, he sufrido mucho, con quienes
me amaban o en soledad; en la costa y cuando
con veloces corrientes las constelaciones de la lluvia
irritaban el mar oscuro. He llegado a ser famoso;
pues siempre en camino, impulsado por un corazón hambriento,
he visto y conocido mucho: las ciudades de los hombres
y sus costumbres, climas, consejos y gobiernos,
no siendo en ellas ignorado, sino siempre honrado en todas;
y he bebido el placer del combate junto a mis iguales,
allá lejos, en las resonantes llanuras de la lluviosa Troya.

Formo parte de todo lo que he visto;
y, sin embargo, toda experiencia es un arco a través del cual
se vislumbra un mundo ignoto, cuyo horizonte huye
una y otra vez cuando avanzo.

¡Qué fastidio es detenerse, terminar,
oxidarse sin brillo, no resplandecer con el ejercicio!

Como si respirar fuera la vida. Una vida sobre otra
sería del todo insuficiente, y de la única que tengo
me queda poco; pero cada hora me rescata
del silencio eterno, añade algo,
trae algo nuevo; y sería despreciable
guardarme y cuidarme el tiempo de tres soles,
y refrenar este espíritu ya viejo, pero que arde en el deseo
de seguir aprendiendo, como se sigue a una estrella que cae,
más allá del límite más extremo del pensamiento humano.

Éste es mi hijo, mi propio Telémaco,
a quien dejo el cetro y esta isla.

Lo quiero mucho; tiene el criterio para triunfar
en esta labor, para civilizar con prudente paciencia
a un pueblo rudo, y para llevarlos lentamente
a que se sometan a lo que es útil y bueno.

Es del todo impecable, dedicado completamente
a los intereses comunes, y se puede confiar
en que sea compasivo y cumpla los ritos
con que se adora a los dioses tutelares
cuando me haya ido. Él hace lo suyo, yo, lo mío.

Allí está el puerto; el barco extiende sus velas;
allí llama el amplio y oscuro mar. Vosotros, mis marineros,
almas que habéis trabajado y sufrido y pensado junto a mí,
y que siempre tuvisteis una alegre bienvenida
tanto para los truenos como para el día despejado, recibiéndolos
con corazones libres e inteligencias libres, vosotros y yo hemos envejecido.

La ancianidad tiene todavía su honra y su trabajo.

La muerte lo acaba todo: pero algo antes del fin,
alguna labor excelente y notable, todavía puede realizarse,
no indigna de quienes compartieron el campo de batalla con los dioses.

Las estrellas comienzan a brillar sobre las rocas:
el largo día avanza hacia su fin; la lenta luna asciende; los hondos
lamentos son ya de muchas voces. Venid, amigos míos.

No es demasiado tarde para buscar un mundo nuevo.

Zarpemos, y sentados en perfecto orden hiramos
los resonantes survos, pues me propongo
navegar más allá del poniente y el lugar en que se bañan
todos los astros del occidente, hasta que muera.

Es posible que las corrientes nos hundan y destruyan;
es posible que demos con las Islas Venturosas,
y veamos al gran Aquiles, a quien conocimos.

A pesar de que mucho se ha perdido, queda mucho; y, a pesar
de que no tenemos ahora el vigor que antaño
movía la tierra y los cielos, lo que somos, somos:
un espíritu ecuánime de corazones heroicos,
debilitados por el tiempo y el destino, pero con una voluntad decidida
a combatir, buscar, encontrar y no ceder.

Alfred Tennyson