domingo, 11 de septiembre de 2022

Una noche - José Asunción Silva

 Una noche

una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de músicas de älas,
una noche
en que ardían en la sombra nupcial y húmeda, las luciérnagas fantásticas,
a mi lado, lentamente, contra mi ceñida, toda,
muda y pálida
como si un presentimiento de amarguras infinitas,
hasta el fondo más secreto de tus fibras te agitara,
por la senda que atraviesa la llanura florecida
caminabas,
y la luna llena
por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca,
y tu sombra
fina y lánguida,
y mi sombra
por los rayos de la luna proyectada
sobre las arenas tristes
de la senda se juntaban
y eran una
y eran una
¡y eran una sola sombra larga!
¡Y eran una sola sombra larga!
¡Y eran una sola sombra larga!

Esta noche
solo, el alma
llena de las infinitas amarguras y agonías de tu muerte,
separado de ti misma, por la sombra, por el tiempo y la distancia,
por el infinito negro,
donde nuestra voz no alcanza,
solo y mudo
por la senda caminaba,
y se oían los ladridos de los perros a la luna,
a la luna pálida
y el chillido
de las ranas,
sentí frío, era el frío que tenían en la alcoba
tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas,
¡entre las blancuras níveas
de las mortüorias sábanas!
Era el frío del sepulcro, era el frío de la muerte,
era el frío de la nada…
y mi sombra
por los rayos de la luna proyectada,
iba sola,
iba sola
¡iba sola por la estepa solitaria!
Y tu sombra esbelta y ágil
fina y lánguida,
como en esa noche tibia de la muerta primavera,
como en esa noche llena de perfumes, de murmullos y de músicas de alas,
se acercó y marchó con ella,
se acercó y marchó con ella,
se acercó y marchó con ella… ¡Oh las sombras enlazadas!
¡Oh las sombras que se juntan y se buscan en las noches de negruras y de lágrimas!…

José Asunción Silva 

jueves, 18 de agosto de 2022

Pequeño poema infinito - Federico García Lorca

 Equivocar el camino 

es llegar a la nieve 
y llegar a la nieve 
es pacer durante veinte siglos las hierbas de los cementerios. 

Equivocar el camino 
es llegar a la mujer, 
la mujer que no teme la luz, 
la mujer que no teme a los gallos 
y los gallos que no saben cantar sobre la nieve. 

Pero si la nieve se equivoca de corazón 
puede llegar el viento Austro 
y como el aire no hace caso de los gemidos 
tendremos que pacer otra vez las hierbas de los cementerios. 

Yo vi dos dolorosas espigas de cera 
que enterraban un paisaje de volcanes 
y vi dos niños locos que empujaban llorando las pupilas de un asesino. 

Pero el dos no ha sido nunca un número 
porque es una angustia y su sombra, 
porque es la guitarra donde el amor se desespera, 
porque es la demostración de otro infinito que no es suyo 
y es las murallas del muerto 
y el castigo de la nueva resurrección sin finales. 
Los muertos odian el número dos, 
pero el número dos adormece a las mujeres 
y como la mujer teme la luz 
la luz tiembla delante de los gallos 
y los gallos sólo saben votar sobre la nieve 
tendremos que pacer sin descanso las hierbas de los cementerios.

Federico García Lorca

miércoles, 13 de julio de 2022

Me parece, amor mío, que antes de rayar el día de la vida… - R. Tagore

Me parece, amor mío, que antes de rayar el día de la vida

tú estabas en pie bajo una cascada de felices sueños,

llenando con su líquida turbulencia tu sangre.

O, tal vez, tu senda iba por el jardín de los dioses, 

y la alegre multitud de los jazmines, los lirios y las adelfas 

caía en tus brazos a montones y, entrándose en tu corazón, 

se hacía algarada allí.

Tu risa es una canción, cuyas palabras se ahogan 

en el gritar de las melodías; un rapto del olor de unas flores

no vistas; es como la luz de la luna que rompiera a través

de la ventana de tus labios, cuando la luna está escondiéndose 

en tu corazón. No quiero más razones; olvido el motivo. 

Solo sé que tu risa es el tumulto de la vida en rebelión.

R. Tagore 

jueves, 23 de junio de 2022

Noche de San Juan - Juan Luís Panero


Anticuado, interrogo las estrellas,
su desnudo, inapelable misterio,
mientras miro las llamas en la playa,
en esta noche cuando empieza el verano.
Lector de Drieu o Pavese, sé también
lo sencillo que puede ser acabar con la historia,
no preguntar ya nada, olvidar para siempre
esta apariencia de tarjeta postal.
Frente a mí, imperturbables, desveladas,
pasan, en silencio, vida y muerte,
evitando, con un rictus cansado,
este fantasma insomne, este papel en blanco,
esta hoguera apagada que perdura.

Juan Luís Panero 

martes, 31 de mayo de 2022

Ayer vendrá - Luis Rosales

 La tarde va a morir; en los caminos

se ciega triste o se detiene un aire

bajo y sin luz; entre las ramas altas,

mortal, casi vibrante,

queda el último sol; la tierra huele,

empieza a oler; las aves

van rompiendo un espejo con su vuelo;

la sombra es el silencio de la tarde.

Te he sentido llorar: no sé a quién lloras.

Hay un humo distante,

un tren, que acaso vuelve, mientras dices:

Soy tu propio dolor, déjame amarte.

Luis Rosales 

viernes, 22 de abril de 2022

La pasión - Cristina Peri Rosi

Salimos del amor

como de una catástrofe aérea

Habíamos perdido la ropa

los papeles

a mí me faltaba un diente

y a ti la noción del tiempo

¿Era un año largo como un siglo

o un siglo corto como un día?

Por los muebles

por la casa

despojos rotos:

vasos fotos libros deshojados

Éramos los sobrevivientes

de un derrumbe

de un volcán

de las aguas arrebatadas

Y nos despedimos con la vaga sensación

de haber sobrevivido

aunque no sabíamos para qué.

Cristina Peri Rossi



lunes, 28 de marzo de 2022

Para la libertad - Miguel Hernández

Para la libertad sangro, lucho, pervivo.

Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.

Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.

Miguel Hernández 

lunes, 21 de marzo de 2022

HAZME TU PECADO - Juan Carlos García Hoyuelos

 HAZME TU PECADO

Te hice religión, cáliz,

un porfío pecado

para comulgar 

una y otra vez, obsesivamente,

en tus labios,

y redimido en tu boca,

robar el perdón 

que pueda separarnos. 

Peca en mí, y deja 

en mi cuerpo los réditos

de esa inexcusable culpa que retiene

los fluidos hasta 

hacer arder a las sábanas

desde dentro hacia fuera.

Y si hablan, déjales… hacen bien;

tras los rastrojos siempre vuelven

los brotes verdes,

las praderas, los himnos debajo de la tierra. 

Déjales, prefiero ser mancha 

a rácano movimiento de un alfil,

o una retama que flor roja embalsamada

en blanco por la escarcha. 

Déjate llevar, te estoy esperando,

no lo pienses más,

ni un segundo más,

-el tiempo corre, vuela, se camufla en la arena-

y rétame a un juego donde el amor

envide a la grande

aunque entre los dedos 

se mantenga en pie, con gallardía,

las mínimas opciones. 

Juan Carlos García Hoyuelos