sábado, 5 de enero de 2019

Las abarcas desiertas - Poema de Miguel Hernández


Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

Y encontraban los días,
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.

Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río,
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.

Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.

Toda gente de trono,
toda gente de botas
se rió con encono
de mis abarcas rotas.

Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y unos hombres de miel.

Por el cinco de enero,
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.

Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas

Miguel Hernández



sábado, 22 de diciembre de 2018

Sol de invierno - Antonio Machado


Es mediodía. Un parque.
Invierno. Blancas sendas;
simétricos montículos
y ramas esqueléticas.

Bajo el invernadero,
naranjos en maceta,
y en su tonel, pintado
de verde, la palmera.

Un viejecillo dice,
para su capa vieja:
«¡El sol, esta hermosura
de sol!...» Los niños juegan.

El agua de la fuente
resbala, corre y sueña
lamiendo, casi muda,
la verdinosa piedra.

Antonio Machado



jueves, 20 de diciembre de 2018

VERSOS PARA LAURA LUELMO - Juan Carlos García Hoyuelos

Demasiado dolor para preguntar
por los gritos desatendidos del bosque,
demasiado dolor sin respuesta, en vigilia,
a causa de una mala hierba de hojas punzantes.

Te resististe, le plantaste cara.
Los que dudan del llanto, de la palabra,
del miedo domando una falda,
hoy callan, esos cobardes callan.
Se apagó tu voz, y pese a ello habrá
quienes sigan alimentando
los puntos suspensivos, los matices,
seguirán royendo los hechos consumados
ante la ambigüedad intencionada de las leyes.

No es no, un rotundo no,
¿tan difícil es de entender?;
se pronuncie nítidamente o en voz baja,
o acaso presa del pánico, maniatada,
se someta en silencio, tiritando,
-sólo con pensarlo, yo también enmudezco-
al gemido nauseabundo de un mal nacido,
o al de una manada que jalea
mientras graban su repugnante hazaña.

No es no, lo demás es violación.
No es no, ni una mujer menos.

Juan Carlos García Hoyuelos
** ilustración que Laura Luelmo subía este pasado 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer.



miércoles, 19 de diciembre de 2018

Testigo de excepción - Poema de Francisca Aguirre

Un mar, un mar es lo que necesito.
Un mar y no otra cosa, no otra cosa.
Lo demás es pequeño, insuficiente, pobre.
Un mar, un mar es lo que necesito.
No una montaña, un río, un cielo.
No. Nada, nada,
únicamente un mar.
Tampoco quiero flores, manos,
ni un corazón que me consuele.
No quiero un corazón
a cambio de otro corazón.
No quiero que me hablen de amor
a cambio del amor.
Yo sólo quiero un mar:
yo sólo necesito un mar.
Un agua de distancia,
un agua que no escape,
un agua misericordiosa
en que lavar mi corazón
y dejarlo a su orilla
para que sea empujado por sus olas,
lamido por su lengua de sal
que cicatriza heridas.
Un mar, un mar del que ser cómplice.
Un mar al que contarle todo.
Un mar, creedme, necesito un mar,
un mar donde llorar a mares
y que nadie lo note.

Francisca Aguirre

viernes, 23 de noviembre de 2018

Ninguno de los dos supo llamarlo amor - Poema de Juan Carlos García Hoyuelos

Aunque nuestra pasión hizo jirones
la blusa de la luna
y cubrió el techo de perseidas,
como la nieve
nos fuimos poco a poco
retirando de las montañas.

Ninguno de los dos
supo llamarlo amor.

Fue tan fácil: tú y yo,
más que amigos,
sudor híbrido,
espuma jaleada por la anarquía.

Y, sin embargo, el alba
a falta de hallar el sustento
en nuestras bocas,
tuvo que alimentarse
de los ruidos de la calle.

Tal vez si uno de los dos
lo hubiese llamado amor…

Por qué negarlo,
sigo echándote de menos.
El orgullo no consuela los silencios.

Puede que no haya
estado enamorado de ti, no lo sé,
pero… si tú te hubieses
atrevido a llamarlo amor,
ahora no estaría rescatando
tu nombre de la playa.

Juan Carlos García Hoyuelos

miércoles, 21 de noviembre de 2018

Azogue - Poema de Guadalupe Grande

Vivimos de costado
pasamos de puntillas

Gracias a dios nadie quedará para recordar
en nombre de quién
habrá de dirimirse la venganza

Cuando el tiempo se escapa sin rostro de las manos
dejando un polvo amarillo en el azogue
es menester estar atentos.

Cuando los días huyen a hurtadillas
despreciando nuestro estupor
(mientras se pudre el grano en el almiar)
es menester ser precavidos.

Cuando la vida se oculta en los rincones
y no hay perro de caza que pueda hallar su rastro
solícitos acudimos a las puertas del miedo.

El bosque de certezas ardió hace tres noches.
       Y yo he venido a pregonar
        la escarcha de la duda.

Guadalupe Grande


lunes, 19 de noviembre de 2018

Desmesura - Poema de Francisca Aguirre

A Javier Statié

Dijo que no. Y el Tiempo se quedó sin tiempo.
Luego, la vida hizo una pausa
y todo pareció recomponerse
como esos acertijos infantiles
en los que sólo falta una palabra,
una palabra necesaria y rara.
Pero dijo que no. Cerró los labios
y escuchó el gorgoteo de las sílabas
luchando por vivir a la intemperie.
Dijo que no. Y el tiempo oyó el silencio.
Luego, la vida hizo una pausa.
Y todo fue distinto: el dolor fue
más cauto, más sensato,
la lujuria lloró en su madriguera.
Y el tiempo inauguró sus máscaras:
hubo un pequeño espanto en los rincones,
temblaron los espejos agobiados
defendiendo impotentes el azogue.
Los pájaros callaron esa tarde
y la luna brilló blanca y sin manchas.
Ardió la noche como vieja tea
con la absurda avaricia de la muerte,
con su luto distante y pegajoso,
y un rencor resabiado y carcomido
descargó como lluvia en el desierto.
Entonces, sólo entonces,
oyó a su corazón ladrando
y se volvió despacio a los espejos
y los vio tiritar con mucho frío
y pedir compasión desde su escarcha.
Y no supo qué hacer con tanta desmesura:
cerró los labios y escuchó al silencio.
Francisca Aguirre

miércoles, 7 de noviembre de 2018

SEUDÓNIMOS DE LA NOCHE - Juan Carlos García Hoyuelos

Es posible volver a enamorarse
cuando todavía quedan
lágrimas cautivas
y sueños que, por confesarse
con seudónimos a la noche,
no medran en recuerdos.

Es posible, quiero imaginar
que tú y yo somos pensamientos
del mes de noviembre
que quedaron diseminados
entre anotaciones escritas
durante el resto del año.

Puede que nunca nos hayamos visto
o que la distancia que hoy nos separa
sea tan solo la de dos gotas
de una lluvia que mojaron
sendas macetas de una misma terraza.

Y cuando sepa que son tus labios,
los tuyos... no otros,
de ellos no me voy a querer bajar,
de la misma manera que la noche
se embelesa con el cristal.

Y traduciré cada uno de nuestros besos,
uno tras uno, sin olvidar siquiera aquél otro
que supo a un tenue soplo,
porque ésta es la última vez que me enamoro;
son ya seis vidas las que he perdido
en los conjuros hechos al amor,
contra las huestes intangibles
que me hirieron de muerte
con un sencillo adiós.

Juan Carlos García Hoyuelos