miércoles, 1 de enero de 2025

El invierno a través de un espejo - Han Kang

 El invierno a través de un espejo

1.

Mira la pupila de una llama.
Azulado
ojo
con forma de corazón
lo más caliente y brillante
aquello que la rodea
la llama interior naranja
lo que más parpadea
lo que rodea de nuevo
la llama externa semitransparente
mañana por la mañana, la mañana
que parto a la ciudad más alejada
esta mañana
el ojo azulado de una llama
mira más allá de mis ojos.

2.

Ahora mi ciudad es mañana de primavera, si traspasas el centro de la tierra, taladras recto hasta el centro sin vacilar, aquella ciudad aparece, la diferencia horaria allí exactamente doce horas menos, la estación exactamente medio año atrás, de modo que aquella ciudad es ahora una tarde de otoño, como si siguiera en silencio a alguien aquella ciudad sigue tras la mía, para cruzar la noche para cruzar el invierno espero en silencio, mientras mi ciudad deja atrás a aquella como alguien que te adelantara en silencio

3.

Dentro del espejo espera el invierno
Un lugar frío
Un lugar totalmente frío
tan frío
que los objetos no pueden temblar
tu cara (congelada una vez)
no puede hacerse añicos
No extiendo mi mano
tú tampoco
quieres extender tu mano
Un lugar frío
Un lugar que se mantiene frío
tan frío
que las pupilas no pueden vacilar
los párpados
no saben cómo cerrarse (juntos)
Dentro del espejo
espera el invierno y
dentro del espejo
no puedo evitar tus ojos y
tú no quieres extender la mano

4.

Dijeron que volaríamos durante todo un día.
Dobla bien veinticuatro horas métetelas en la boca y
entra en el espejo dijeron.
Cuando haya deshecho la maleta en una habitación de esa ciudad
debería aprovechar para lavarme la cara.
Si el sufrimiento de esta ciudad en silencio se me apodera
me quedaré rezagada en silencio y
cuando no estés mirándolo me apoyaré
un momento en la espalda escarchada del espejo
y canturrearé despreocupada.
Hasta que, habiendo doblado bien veinticuatro horas
y habiéndolas escupido empujadas por tu lengua caliente,
vuelvas y me observes

5.

Mis ojos son dos cabos de vela que gotean cera mientras agotan la mecha, no es abrasador ni doloroso, dicen que el temblor del núcleo de la llama azulada es el advenimiento de las almas, las almas se sientan en mis ojos y tiemblan, canturrean, la llama externa que se balancea en la distancia oscila para llegar más lejos, mañana partes hacia la ciudad más lejana, aquí estoy yo ardiendo, ahora pones las manos en la tumba del vacío y esperas, la memoria te muerde los dedos como una serpiente, no te abrasas ni te duele, tu inquebrantable rostro no se quema ni se hace añicos.

(A partir de una traducción de Eva Gallud basada en las versiones inglesas de Sophie Bowman)

miércoles, 5 de junio de 2024

Ciudadanos sin sueño - Federico García Lorca


No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas.
Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan
y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas
al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.

No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Hay un muerto en el cementerio más lejano
que se queja tres años
porque tiene un paisaje seco en la rodilla;
y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto
que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase.

No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda
o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas.
Pero no hay olvido, ni sueño:
carne viva. Los besos atan las bocas
en una maraña de venas recientes
y al que le duele su dolor le dolerá sin descanso
y al que teme la muerte la llevará sobre sus hombros.

Un día
los caballos vivirán en las tabernas
y las hormigas furiosas
atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas.
Otro día
veremos la resurrección de las mariposas disecadas
y aún andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos
veremos brillar nuestro anillo y manar rosas de nuestra lengua.

¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
A los que guardan todavía huellas de zarpa y aguacero,
a aquel muchacho que llora porque no sabe la invención del puente
o a aquel muerto que ya no tiene más que la cabeza y un zapato,
hay que llevarlos al muro donde iguanas y sierpes esperan,
donde espera la dentadura del oso,
donde espera la mano momificada del niño
y la piel del camello se eriza con un violento escalofrío azul.

No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Pero si alguien cierra los ojos,
¡azotadlo, hijos míos, azotadlo!
Haya un panorama de ojos abiertos
y amargas llagas encendidas.
No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
Ya lo he dicho.
No duerme nadie.
Pero si alguien tiene por la noche exceso de musgo en las sienes,
abrid los escotillones para que vea bajo la luna
las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.

Federico García Lorca 


domingo, 24 de marzo de 2024

Yo voy soñando caminos - Antonio Machado

 Yo voy soñando caminos 

de la tarde. ¡Las colinas 
doradas, los verdes pinos, 
las polvorientas encinas!... 
¿Adónde el camino irá? 
Yo voy cantando, viajero 
a lo largo del sendero... 
-la tarde cayendo está-. 
"En el corazón tenía 
"la espina de una pasión; 
"logré arrancármela un día: 
"ya no siento el corazón". 

Y todo el campo un momento 
se queda, mudo y sombrío, 
meditando. Suena el viento 
en los álamos del río. 

La tarde más se oscurece; 
y el camino que serpea 
y débilmente blanquea 
se enturbia y desaparece. 

Mi cantar vuelve a plañir: 
"Aguda espina dorada, 
"quién te pudiera sentir 
"en el corazón clavada".

Antonio Machado 




domingo, 10 de marzo de 2024

Ni recuerdos ni presagios: sólo presente, cantando - Pedro Salinas

 PRESENTE SIMPLE

(Confianza)

Ni recuerdos ni presagios:
sólo presente, cantando.

Ni silencio, ni palabras:
tu voz, sólo, sólo, hablándome.

Ni manos ni labios:
tan solo dos cuerpos, 
a lo lejos, separados.

Ni luz ni tiniebla, 
ni ojos ni mirada:
visión, la visión del alma.

Y por fin, por fin,
ni goce ni pena,
ni cielo ni tierra,
ni arriba ni abajo,
ni vida ni muerte, nada
sólo el amor, sólo amando.

Pedro Salinas 



domingo, 19 de noviembre de 2023

EL LAGO DE SANABRIA* - Juan Carlos García Hoyuelos


Es en el lago de Sanabria

donde la luna,

al escuchar su propia voz

en el aullido del lobo,

se asoma desde el lado furtivo

que baña la inexorable oscuridad.


Con el bostezo vespertino, el sol pide paso

para mojar su cabello

en las aguas mansas del lago,

siempre y cuando se lo permitan

los sueños indultados

de esas mañanas frías

que nadan veladas en la fecundidad.


Al llegar finales de octubre,

coetáneo a la celebración de los magostos,

el otoño exfolia en las aguas del lago

una algazara de ocres,

esperando a ser reemplazado

por el vuelo de millones de pasquines

cuya única vocación es adueñarse

de un territorio que abarca

hasta donde alcance la vista.

Muy a su pesar, no será por mucho tiempo;

todos los imperios sucumben

siendo aún imberbes, asfixiados

por su ególatra decrepitud.


Mientras tanto, instaurado el invierno,

con los pueblos de la comarca

fumando columnas de silencio,

el ramo leonés unirá en sus cintas

una amalgama de ofrendas,

los excesos y mesuras del año

que fenece tras la ingesta de 12 uvas

con la algarabía

por el estreno del año nuevo.


Mientras tanto, el castillo de La Puebla

dejará crecer sus canas.


Antes de que nos demos cuenta,

volverá la primavera y su explosión de colores,

las hojas en los árboles,

y tras ellas, "a decorar el maiu",

el estío, la siega

encaramándose a los fitos, 

los párpados del sol cerrándose en el lago,

al caer la tarde.


Y como es costumbre, antes de darnos cuenta,

volverán a hacerse más cortos los días, volverá la lluvia,

                                  y tras ella, la berrea,

los cielos desangrándose con el crepúsculo.


Juan Carlos García Hoyuelos


* poema recogido en el libro inédito "Identidá"




viernes, 10 de noviembre de 2023

El viaje definitivo - Juan Ramón Jiménez


Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando;
y se quedará mi huerto con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

Todas las tardes el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincon de aquel mi huerto florido y encalado,
mi espiritu errará, nostalgico.

Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido...
Y se quedarán los pájaros cantando.

Juan Ramón Jiménez 



miércoles, 25 de octubre de 2023

POR UN SIMPLE GESTO, UN GRAN ÁRBOL, UNA SOMBRA PARA NUESTROS PASOS - JUAN CARLOS GARCÍA HOYUELOS

El calendario rebasa mediados de octubre y en nuestros paseos cotidianos nos encontramos con numerosas bellotas y simientes en el suelo que se han desprendido de sus árboles. Podemos hacer dos cosas, seguir el paso sin más o detenernos a recoger algunas de esas bellotas o simientes. Si eliges la segunda opción, acércate a un monte, a ser posible con poco arbolado, y provisto de una pequeña azada en mano (si no tienes, una cuchara puede también servirte), haz un diminuto agujero y deposita una o dos bellotas, que seguidamente taparás con la tierra que desplazaste anteriormente. Créeme, porque llevo años haciéndolo, muchas de esas bellotas (o simientes) gerninarán en la próxima primavera y, si todos respetamos los brotes y las lluvias son generosas, nuestro gesto se convertirá en un nuevo árbol, en una futura sombra.


Llenemos de árboles nuestros parques y montes. Un simple gesto puede ser algún día un árbol.



martes, 12 de septiembre de 2023

Escaparates de piedra - Juan C. García Hoyuelos

 ESCAPARATES DE PIEDRA*


El parsimonioso paso del Duero,

después de dejar las Riberas de Castroñuno,

en Castilla, se adentra

en tierras leonesas de Zamora, por Toro;

ciudad que asoma desde una loma

su coqueta colegiata 

para contemplar, obnubilada,

aun con el peso costumbrista de los siglos,

el opíparo caudal que, cómodo, 

sin apenas esfuerzo, arrastra

las confidencias de sus afluentes. 


Escoltado por cultivos 

y andenes de sombras efímeras 

que prestan chopos, álamos y fresnos,

llega el Duero a Zamora,

donde reconfortado por su belleza 

se adormece, cuan efecto de un somnífero,  

para incautar su silueta. 

En las noches de luna llena, 

lengua de plata, remolino 

de cráteres alrededor 

del cimborrio que hechizado

se acerca a beber al cauce.  


Zamora, tándem 

del románico y del modernismo, 

escaparate en piedra

que desata la mirada de quien la pasea;

también es conocida 

por haber marcado en su muralla

la épica de Vellido Dolfos,

a la cual un 6 de octubre de 1072 volvió 

a la velocidad de rayo, venablo en mano, 

mostrando lealtad al Reino de León,

después de dar muerte a Sancho II

por el asedio a la ciudad, 

cercada por las huestes castellanas 

durante siete meses y seis días.


Castilla jamás se lo perdonó,

manteniendo la afrenta en una falsa leyenda,

lo que fue una hazaña se gestó

por quien la escribió en una traición.


De espaldas va quedando Zamora,

su muralla, su castillo;

tras un leve traspiés en las Aceñas del Olivares,

después de sujetarse el cabello con nuevos versos.

Pero no es hasta la confluencia con el Esla, 

último reducto de resistencia 

de la nación astur,  

cuando el Duero permuta su piel a adulto,

cambia su aspecto sosegado 

por un indómito guerrero,

los guijarros por esperma 

de los ancestros castros.


En su búsqueda de destino

atraviesa la comarca de Sayago

entre chiviteras, chozos y azoteas de granito,

y un manto de encinas cosidas

a toda prisa sobre el brezo, 

bajo el sutil vuelo de las cigüeñas.

Sin darse cuenta, a su encuentro, 

recibe la bienvenida de Miranda, 

que aun siendo suelo de Portugal, 

son las mismas maneras, el mismo baile,

la misma lengua asturleonesa

que une y no separa

ambos lados de la frontera. 


El Duero se hace insumiso

al alcanzar Fermoselle;

a su izquierda, sellando cierta distancia, 

se asoma el pantano de La Almendra

amarrado al último hálito del Tormes.


Sigue el río, no se detiene,

sigue entre riscos, ceñido 

por el abrupto paisaje de las Arribes,

ágora del águila real, el buitre y el alimoche.

A un lado, Portugal;

al otro, el País Leonés,

hasta que el Duero decide,

de buenas a primeras,

que solo quiere ser portugués,

melancólico, los acordes de un fado. 


Juan Carlos García Hoyuelos


* versos del poemario inédito "Identidá"

Fotografía de Javier y Juan C. García Hoyuelos