jueves, 30 de mayo de 2013

Poema El Tren Expreso

VIII
¡De la sombra y el fuego al claroscuro
brotaban perspectivas espantosas,
y me hacía el efecto de un conjuro
al reverberar en cada muro
de las sombras las danzas misteriosas!…
¡La joven que acostada traslucía
con su aspecto ideal, su aire sencillo,
y que, más que mujer, me parecía
un ángel de Rafael o de Murillo!
¡Sus manos por las venas serpenteadas
que la fiebre abultaba y encendía,
hermosas manos, que a tener cruzadas
por la oración habitual tendía…
¡sus ojos, siempre abiertos, aunque a oscuras,
mirando al mundo de las cosas puras
!
¡su blanca faz de palidez cubierta!
¡Aquel cuerpo a que daban sus posturas
la celestial fijeza de una muerta!…
Las fajas tenebrosas
del techo, que irradiaba tristemente
aquella luz de cueva submarina;
y esa continua sucesión de cosas
que así en el corazón como en la mente
acaban por formar una neblina!…
¡Del tren expreso la infernal balumba!…
¡La claridad de cueva que salía
del techo de aquel coche, que tenía
la forma de la tapa de una tumba!
¡La visión triste y bealla

de sublime concierto
de todo aquel horrible desconcierto,
me hacía traslucir en torno de ella
algo vivo rondando un algo muerto!


[Campoamor]

¿Y SI DE QUIÉN ESCRIBO FUESES TÚ?

Llevas el viento en las venas,
de tus besos inhalo rebufos
de otros vasos que inclinados
depositas en  mis labios,
palpo tu huida en mis propias manos
cuando en el roce de sus confidencias,
regresan a sus balancines mudas, a tientas, indigentes.
 
Con sólo sentir el nerviosismo del aire,
preludio de diáfanas corrientes,
sacudes hacia fuera las injerencias
de esas miradas que nos echamos despacio,
como bandera rebelde golpea
con todas sus fuerzas
el mástil que la tiene prisionera.
 
Ha llegado el viento, ¡ve tras él!, si es eso lo que deseas,
no acumules en su voz una nueva prórroga,
y llévate consigo los vuelos rasantes
de las gaviotas sobre nuestras frondas,
y los preámbulos de las mareas,
y los compases insumisos de los estambres, herencias
de nuestra primera noche.
 
Yo quedo en tierra firme, en mis otoños,
al calor de los colores nítidos, aguardando  
el riego ebrio en las yemas de mis dedos.
 
Corre tras los espejismos del presente, el convoy del poniente
nunca descansa en los brazos abiertos de las dársenas.
¿A qué esperas?, ¡apresúrate!, no gires el olvido
o ante sus dudas retrocederás a los imanes de mi tristeza.
Y cuando vuelvas, porque has de volver,
igual que el viento, por mera supervivencia,
dime si el futuro te lleva a este instante.
 
[Juan Carlos García Hoyuelos]

miércoles, 29 de mayo de 2013

BLANDOS POR OTRA LLUVIA


Hoy tu boca, como lo hiciera ayer

y los demás días que en la mía

descuida su alrededor,

ha acudido con calcada decisión.

 
Todo igual:

los mismos axiomas, idénticos

remolinos sobre las mejillas,

danza de compases anárquicos

que mezclados con nuestra saliva,

resonancia introvertida,

aglutina en nuestros dientes reclamos inteligibles.

 
Todo igual, como lo fue ayer, igual

si no me hubiese percatado

de que tus labios en los míos

habían desembarcado blandos por otra lluvia.

 
Aprisa deshice preguntas; dentro de nuestras bocas

no hay cabida para nada que no sea

el crepúsculo de nuestro aliento.

Y si al besarnos cierras los párpados,

como las persianas que secuestran a la noche

en la urdimbre de sus rígidas pestañas,

de la manera que siempre lo haces,

fingiré no haberle descubierto.


[Juan Carlos García Hoyuelos]
 
 

Poema El Tren Expreso

VII
Como el tren no corría, que volaba,
era tan vivo el viento, era tan frío,
que el aire parecía que cortaba:
así el lector no extrañará que, tierno,
cuidase de su bien más que del mío,
pues hacía un gran frío, tan gran frío,
que echó al lobo del bosque aquel invierno.
Y cuando ella, doliente,
con el cuerpo aterido,
«Tengo frío», me dijo dulcemente
con voz que, más que voz, era un balido,
me acerqué a contemplar su hermosa frente,
y os juro, por el cielo,
que, a aquel reflejo de la luz escaso,
la joven parecía hecha de raso,
de nácar, de jazmín y terciopelo;
y creyendo invadidos por el hielo
aquellos pies tan lindos,
desdoblando mi manta zamorana,
que tenía más borlas, verde y grana
que todos los cerezos y los guindos
que en Zamora se crían,
cual si fuese una madre cuidadosa,
con la cabeza ya vertiginosa,
la tapé aquellos pies, que bien podrían
ocultarse en el cáliz de la rosa.


[Campoamor]

martes, 28 de mayo de 2013

SI NO TE ENCUENTRO

 
Si volviera a nacer

y el recuerdo

no me acompañase

ni nada fuese como es,

el sabor de mis labios,

el tacto errabundo en mi piel,

me llevarían de nuevo a ti.

 
Sería en esas noches

que cayendo a borbotones

sobre mi camisa de barbecho,

echarían abajo

los palafitos del silencio.

Porque aunque volviera a nacer

seguirás inherente en mis manos,

tus caricias tomaron el abordaje

en cada roce que distingue mi vello.

 
Y si no te encuentro, búscame en un poeta de versos

faltos de un amor y lícitamente enamorados.
 
 
[Juan Carlos García Hoyuelos]

Poema El Tren Expreso

VI
«¿Vais muy lejos?», con voz ya conmovida
le pregunté a mi joven compañera.
«Muy lejos», contestó; «¡voy decidida
a morir a un lugar de la frontera!»
Y se quedó pensando en lo futuro,
su mirada en el aire distraída
cual se mira en la noche un sitio oscuro
donde fue una visión desvanecida.
«¿No os habrás divertido»,
la repliqué galante,
«la ciudad seductora
en donde todo amante
deja recuerdos y se trae olvido?»
«¿Lo traéis vos?», me dijo con tristeza.
«Todo en Paris lo hace olvidar, señora»,
  le contesté, «la
moda y la riqueza.
Yo me vine a Paris desesperado,
por no ver en Madrid a cierta ingrata.»
«Pues yo vine», exclamó, «y hallé casado
a un hombre ingrato a quién amé soltero.»
«Tengo un rencor», le dije, «que me mata.»
«Yo una pena», me dijo, «que me muero.»
Y al recuerdo infeliz de aquel ingrato,
siendo su mente espejo de mi mente,
quedándose en silencio un grande rato
pasó una larga historia por su frente.


[Campoamor]

lunes, 27 de mayo de 2013

ABRO ESPACIOS EN LA NOCHE


Por los ojales de la tarde

entra la noche.

Las ventanas, atriles

de pensamientos y de miradas,

se ungen de su sangre de ébano,

esconden sus epidermis de vidrio

detrás de los espasmos del vértigo.

 
La cama me aguarda, intranquila,

los sueños de anoche

ansían entrar en los párpados

que, abiertos por el desamor,

los hizo ilícitos, profanos,

fugitivos de la improvisación,

léxico inhibido.

 
Quiero reconciliarme

con mi invertebrado yo onírico,

pero no sé la forma de conseguirlo,

olvidé cómo se atraviesa

esa luz de terciopelo.

Y en el olvido, un recuerdo,

el despertar de tus ojos.

 
No duermo …sigo los pasos

de nuestras hermosas vivencias,

de los aciertos

de algunos de nuestros errores

(benditas reconciliaciones);

de los silencios que tanto daño nos hicieron,

jerigonza del orgullo, ultrajes.

 
No duermo, me robaste mis sueños,

y sin ellos, abro espacios en la noche.


[Juan Carlos García Hoyuelos]

Poema El Tren Expreso

V
¡Cosa rara! Entretanto,
al lado de mujer tan seductora
no podía dormir, siendo yo un santo
que duerme, cuando no ama, a cualquier hora.
Mil veces intenté quedar dormido,
mas fue inútil empeño:
admiraba a la joven, y es sabido
que a mí la admiración me quita el sueño.
Yo estaba inquieto, y ella,
sin echar sobre mí mirada alguna,
abrió la ventanilla de su lado
y, como un ser prendado de la luna,
miró al cielo azulado;
preguntó, por hablar, qué hora sería,
y al ver correr cada fugaz estrella,
«Ved un alma que pasa», me decía.


[Campoamor]